La Persistencia de la Pintura/César Leal JiménezEl Tintero Colectivo

Junio 13, 2008

La Persistencia de un Pintor Cubano

Archivado en: Uncategorized — Webmaster @ 3:42 pm and

cesar-leal.jpg
 El amigo Raúl Lorenzo, del Tintero Colectivo, me solicitó que escribiera acerca de la razón y la génesis de mi obra más reciente, lo cual me resulta extremadamente difícil, debido a aquella máxima  tan importante que nos reclama “conócete a ti mismo”, y la que siempre olvidamos al momento de juzgar a los demás: ¿cómo podré juzgarme a mí mismo? Por eso, no creo que un artista pueda juzgar objetivamente su obra personal, salvo aventurar algunas consideraciones generales sobre la misma, porque el talento y los mejores umbrales nos vienen genéticamente, y no siempre tienen una explicación racional y científica.

Pertenezco a una generación de pintores cubanos al cual le caló hondo la idea de que que el Arte era una responsabilidad social, además de un disfrute de los sentidos. En realidad, dicha idea no surgió de la nada, sino del hecho ineludible de que, a partir de mis once años de edad, se produjo una revolución social en mi país, la cual vendría a transformar muchos de los valores morales,  políticos, ideológicos, éticos y sociales que me fueron inculcados por mis padres y por los maestros de las escuelas privadas donde estudié, antes de la Revolución; y los que ahora- a mediados del año 2008-  se tratan de “rescatar” a toda costa, aunque nunca debieron de ser reformados y hasta suprimidos. Por supuesto, yo pasé por aquella etapa juvenil de extremismo y de “sarampionismo nacional revolucionario”, durante los años 60 y 70, cuando había un solo color válido (el rojo) y una sóla y justa manera de pensar: Cuba era el “ombligo del mundo”, la generadora absoluta de la justicia social, mientras los demás países sólo eran  un conjunto de “idealistas subjetivos”, que no se percataban de que en este país se edificaba el verdadero futuro para la Humanidad: ¡ qué equivocados estábamos, y cuánto tendríamos que aprender, sufriendo! Hoy ya sabemos que no sabemos tanto como creíamos sobre lo que creíamos saber; ni siquiera sobre el modelo de socialismo que edificábamos, y dentro del cual yo creía estar incluido…¡porque tampoco existía un “modelo” y paradigma al cual acercarnos, ya que nunca existió! Fuimos nosotros los verdaderos “idealistas subjetivos”, porque priorizamos nuestras “puras” e incorruptibles ideas a la razón material y al componente biológico- de facto- propio de la especie humana. Muchas veces, desconocimos las sombras, y sólo fuimos sensibles a las luces, que en la mayoría de las ocasiones, nos cegaron. Ustedes se preguntarán: “¿Y qué tiene que ver toda esta monserga con el desarrollo de este artista?: ¡pues sí, tiene que ver! Siempre he creido que el Arte es un medio de comunicación, expresión  y transmisión de ideas acerca de la verdadera vida que vivimos, la cual casi nunca es la que idealizamos y queremos alcanzar.

Mi trabajo más reciente trata de combinar el talento artístico que Dios me dió y mi sentido ético intuitivo y aprehendido sobre la función humana y social del Arte; por eso, muchas veces mis cuadros son tildados de polémicos, agresivos y “poco comerciables”, porque son difíciles de insertar en el mundo morfológico y conceptual que imponen las más importantes galerías estatales y privadas. No obstante, todavía encuentro locos y fanáticos a los que les gustan e interesan mis cuadros, y los que me ayudan a sobrevivir con sus esporádicas adquisiciones. El privilegio de poseer una dirección de correo elctrónico me ha facilitado la promoción de mi obra, la cual no encuentra “mercado” en nuestros predios nacionales, donde las galerías están controladas por el estado cubano, y las cuales esgrimen conceptos muy limitados acerca del valor artístico y comercial de las obras que aceptan exponer. Sin duda, en Cuba existe una gran libertad de expresión formal, pero no conceptual, cuando el concepto que se manifiesta a través de la obra cuestiona ciertos valores políticos, ideológicos y culturales diferentes a los que estatalmente se proclaman e imponen. Ese es mi caso; y, para ofrecer un par de ejemplos, en septiembre de 2006, gracias a la amplitud de mente de la directora del Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de La Habana, logré realizar una gran exposición en dicha institución, la cual ocupó todas las salas que tenían disponibles, con pinturas, grabados y dibujos. Aunque la referida institución produjo y pagó un breve material televisivo

que fue transmitido en varias ocasiones, ninguno de los  comentaristas y críticos de arte más importantes y reconocidos- tampoco los no conocidos- escribieron alguna nota dando a conocer su valoración acerca de mi muestra personal…¡silencio total! Lo mismo ocurrió en julio de 2003, cuando expuse en la pequeña galería (ya clausurada) del Consejo Nacional de las Artes Plásticas de Cuba, a pesar de que su exdirector fue el que, personalmente, me invitó a exponer un conjunto de obras con las mismas características que las actuales, luego de mi regreso de Boston y New York, ciudades norteamericanas que visitara por segunda ocasión, gracias a la invitación que me cursara el Mass. College of Art en el 2002. La omisión acerca del papel que mi trabajo desempeña dentro del panorama cultural cubano continúa imperturbable hasta hoy,  desde hace más de veinticinco años.

En verdad, no me quejo de mi condición de creador casi olvidado, y cuyo trabajo nunca es solicitado por las instituciones culturales y oficiales cubanas: ¡ese es el precio que debo pagar por mi sinceridad artística! Mientras, la mayoría de los autores de mayor éxito nacional se esfuerzan en componer “delirios imaginativos”, con poco asidero en la realidad que viven los menos favorecidos habitantes de la isla, por medio de lenguajes- a veces bien pulidos técnicamente-  que resultan extraños y poco prioritarios en el órden temático y conceptual. A veces, la frivolidad desgasta el oficio y el talento, y produce imágenes vacías de alma y de mensajes valiosos para los que recurren al arte con el propósito de saciar su sed de belleza, conocimiento, sensibilidad renovable y de ver reflejado un reclamo de democrática justicia social y cultural.

No deseo agotar al lector con más reflexiones sobre mi trabajo pictórico más reciente. Los pintores nos expresamos mejor con las imágenes que con las palabras: para eso hay intelectuales más capacitados en el ejercicio de desentrañar los rompecabezas y acertijos visuales que nosotros creamos, con el deseo de que sea un estímulo para el disfrute o el rechazo involuntario de quienes los contemplen. De todos modos, creo que mis obras son bastante transparentes en sus contenidos, y coherentes con mi vida personal y mi actuación como artista dentro de la patria en la que mi madre decidió mi nacimiento, hace ya casi sesenta años, donde también nacieron la mayoría de mis hijos, patria a la que respeto y amo, como parte que soy de ella misma.   

Lic. César Leal Jiménez,

Artista y periodista independiente cubano.

generado en 0.475 Segundos. | Adaptado por El Tintero Colectivo. Powered by WordPress.